Destrucción silenciosa: el legado que deja Joel Omar Vázquez en el patrimonio de Oaxaca

Oaxaca de Juárez, Oax., 17 de julio de 2025. El paso de Joel Omar Vázquez Herrera como delegado del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en Oaxaca no solo dejó cuestionamientos: dejó cicatrices visibles en el rostro histórico de la ciudad. Las calles que fueron símbolo de armonía arquitectónica y legado virreinal hoy exhiben fachadas alteradas, construcciones invasivas y segundas plantas con elevadores en inmuebles que la ley federal protege expresamente. El silencio y la omisión fueron, durante su gestión, más contundentes que cualquier política de conservación.
En un Estado que presume orgullosamente su ciudad patrimonio de la humanidad, la gestión de Vázquez Herrera ha sido señalada por especialistas, ciudadanos y defensores del patrimonio como una de las más pasivas, permisivas, perversas y cómplices de las últimas décadas. Mientras colectivos denunciaban públicamente alteraciones evidentes, muros perforados, estilos coloniales trastocados, edificios históricos convertidos en bares con terrazas, el INAH guardaba silencio o llegaba tarde… si llegaba.
• Alteraciones impunes: fachadas mutiladas, segundos pisos añadidos
Durante el sexenio de Gabino Cué, Alejandro Murat y Salomón Jara, periodos de gestión del exdelegado, se documentaron intervenciones en inmuebles catalogados del Centro Histórico de Oaxaca, que incluyeron colocación de estructuras metálicas, elevadores, ampliaciones verticales, instalación de ventanales y puertas modernas que rompen con la estética tradicional de cantera. En muchos de estos casos, la ausencia de respuesta por parte del INAH fue tan notoria que la omisión institucional se convirtió en forma de complicidad.
Algunos edificios fueron intervenidos por particulares o fundaciones privadas bajo el argumento de “restauración y preservación”, cuando en realidad se trató de remodelaciones arbitrarias con fines comerciales y de intereses personales. Varios de estos espacios hoy funcionan como bares, hoteles boutique o restaurantes turísticos, transformando el uso social del patrimonio y borrando su dimensión histórica.
• El INAH: de guardián a espectador
La función del INAH no es decorativa. Está mandatado por ley a proteger, conservar, supervisar y sancionar cualquier intervención no autorizada en monumentos históricos y zonas protegidas. Sin embargo, bajo la delegación de Vázquez Herrera, el Instituto adoptó una actitud pasiva, incapaz de responder ante la presión inmobiliaria, de fundación y comercial que avanza sobre el corazón cultural de Oaxaca.
Ni siquiera la presentación de un número incalculable de denuncias penales durante su gestión logró revertir la percepción de que actuó tarde y con escasa voluntad política. La mayoría de esas acciones legales fueron más reactivas que preventivas. Mientras las autoridades se movilizaban para interponer sanciones, los inmuebles ya estaban mutilados, con sus valores originales perdidos.
• Voces de alerta ignoradas
Activistas como Markoa Vásquez, artista plástico y defensor del patrimonio, fueron de los pocos que alzaron la voz de forma persistente. Denunció la intervención de la Fundación Alfredo Harp Helú en edificios históricos entregados en comodato, así como la destrucción progresiva de referentes históricos por falta de supervisión técnica del INAH. Sus llamados públicos se toparon con el silencio del delegado, quien jamás se pronunció ni dio explicaciones claras sobre los múltiples casos de alteración, contrario a una amenaza directa contra el artista.
Los ciudadanos también participaron: con fotos, videos y recorridos documentaron obras que transgredían las normas. ¿Dónde estaba el INAH? ¿Quién autorizó esas modificaciones? ¿Por qué no se detuvieron a tiempo?
• ¿Qué le espera al patrimonio de México?
La reciente designación de Joel Omar Vázquez Herrera como director nacional del INAH en 2025 genera una preocupación legítima: si su actuación local dejó un saldo de desfiguración urbana, ¿qué puede esperarse ahora que ocupa un cargo con alcance nacional?
México posee uno de los patrimonios culturales más vastos y diversos del mundo, con miles de sitios arqueológicos, zonas monumentales y bienes inmuebles catalogados. El riesgo no es solo que se repita el modelo de Oaxaca, sino que se normalice: una gestión donde el patrimonio se entrega al capital, se modifica según intereses turísticos o comerciales, y donde la ausencia institucional se convierte en política de Estado.
Si Oaxaca es el espejo, México entero debe mirar con atención. La preservación del patrimonio no admite silencios. El cargo más alto en el INAH exige conocimiento, sí, pero también valentía y voluntad de enfrentarse a los intereses que atentan contra la memoria colectiva.
INAH en Oaxaca
INAH en Oaxaca

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