Diputados en silencio ante la barbarie en Oaxaca

Mientras la violencia sigue desangrando a Oaxaca y conmociona a nivel internacional, el Congreso local permanece en un silencio cómplice. La masacre ocurrida ayer en el Parque del Amor, donde fueron asesinados Juan Yavhé Luis Villaseca, su esposa y su hijo de tan solo siete años, ha evidenciado una vez más la grave crisis de seguridad que vive la entidad y la total indiferencia de quienes deberían alzar la voz por el pueblo: sus representantes.
El crimen, perpetrado con armas de alto poder a plena luz del día, ha pulverizado cualquier discurso oficial que intenta sostener una supuesta “primavera oaxaqueña” impulsada por el gobernador Salomón Jara Cruz. Las cifras maquilladas y los boletines optimistas se enfrentan ahora a una realidad de sangre, impunidad y desesperanza.
En este contexto, la LXVI Legislatura estatal, encabezada por Benjamín Viveros, quien es señalado de mantener vínculos familiares con el Ejecutivo estatal, guarda un silencio que raya en la complicidad. Lejos de una actitud crítica y responsable, el Congreso local se ha convertido en una comparsa del poder, incapaz de exigir justicia, cambios en el gabinete o respuestas urgentes a la crisis multidimensional que atraviesa Oaxaca.
Los problemas rebasan por completo a las instituciones: salud colapsada, educación rezagada, inseguridad rampante, justicia inalcanzable, y un abandono sistemático al deporte y la cultura. Y mientras tanto, el discurso oficial se limita a culpar al pasado y a repetir eslóganes de la llamada Cuarta Transformación.
Lo que sí avanza, sin trabas ni cuestionamientos, es la autorización de 40 millones de pesos para la remodelación del recinto legislativo, así como los altos salarios de diputados que no legislan ni fiscalizan, sino que aplauden y se ven involucrados en temas de corrupción y escándalos sociales. Esta legislatura, bajo el liderazgo de Viveros, se enmarcar en la historia de Oaxaca como la más subordinada a un gobierno que se desmorona entre la violencia y la simulación.
La barbarie se ha vuelto cotidiana en el Estado. Lo indignante es que, en lugar de combatirla, quienes deberían hacerlo han optado por callar. Y el silencio, en estos tiempos, es también una forma de traición.
Parentescos
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