Julisa Sánchez / Tucán
Lo que alguna vez fue una de las expresiones más genuinas de hermandad, identidad y cultura de los pueblos originarios de Oaxaca, hoy se ve desplazado por un evento cada vez más dominado por el protocolo, los reflectores políticos y el uso del dinero público.
Como nunca antes se había visto, en la edición 2025 de la #Guelaguetza, el Cerro del Fortín se llenó de servidores públicos de todos los niveles, luciendo trajes típicos de diseño exclusivo, accesorios de lujo y joyería artesanal de alto valor, ocupando asientos privilegiados y zonas reservadas para los funcionarios e invitados especiales. Una pasarela institucional montada sobre lo que históricamente fue un espacio comunitario, gratuito y profundamente respetado.
El contraste fue evidente: mientras los representantes del poder lucían comodidad y distinción, los pueblos que dan vida a la Guelaguetza fueron relegados a un papel decorativo, limitados en su acceso y participación. La esencia comunitaria de la fiesta, esa que celebraba el encuentro entre regiones y la generosidad entre pueblos, se ha ido desvaneciendo frente a un modelo de evento cada vez más exclusivo y centralizado.
La llamada “Guelaguetza oficial” se ha convertido en un escaparate institucional donde se invierte dinero del pueblo, recaudado a través de impuestos, para alimentar el protagonismo de gobiernos que han dejado en crisis a Oaxaca. Una paradoja dolorosa para quienes recuerdan cuando las comunidades indígenas subían al Fortín cargando flores, sonrisas, y el profundo orgullo de compartir su cultura.
“Antes se respiraba alegría y paz, ahora huele a protocolo y control”, señaló un adulto mayor zapoteco, espectador a la distancia de lo que alguna vez fue su fiesta.
En esta edición, la presencia masiva de burócratas y altos funcionarios no sólo opacó el colorido de las delegaciones tradicionales, sino que dejó en evidencia la pérdida de respeto hacia quienes dieron origen a esta celebración. La Guelaguetza 2025 se realizó, sí, pero a costa de la originalidad que le daba sentido: la de los pueblos que hoy miran desde fuera el espectáculo que un día les perteneció.
Finalmente, el millonario recurso derrochado aún no tiene cifras, pero se argumenta una “inversión” que se toma como una nueva ofensa a los pueblos de las 8 Regiones del Estado.
