El descarrilamiento registrado en el Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec, a la altura de Nizanda, #Oaxaca, ha encendido las alertas sobre la seguridad, planeación y supervisión de los megaproyectos impulsados por el Gobierno de la Cuarta Transformación (4T), particularmente aquellos operados por instancias federales.
De acuerdo con información oficial de la Secretaría de Marina (SEMAR), el accidente ocurrió en un convoy del Tren Interoceánico que transportaba a 241 pasajeros y nueve tripulantes. El saldo preliminar es de 13 muertos y 98 personas lesionadas, algunas de las cuales cayeron a un talud de aproximadamente siete metros, evidenciando la magnitud del percance y la vulnerabilidad de los usuarios.
• Obras prioritarias, pero con fallas recurrentes
El Tren Interoceánico, al igual que el Tren Maya, ha sido presentado como uno de los pilares del desarrollo del sur-sureste del país. Sin embargo, los hechos recientes refuerzan una narrativa cada vez más recurrente: proyectos inaugurados con premura política, pero con deficiencias técnicas y operativas.
En el caso del #TrenMaya, se han documentado fallas en tramos, suspensiones de servicio, sobrecostos y señalamientos por impactos ambientales no resueltos. Ahora, el accidente en el Istmo pone en duda si el mismo patrón se repite en el Corredor Interoceánico, donde la prioridad pareciera ser cumplir calendarios y discursos, más que garantizar condiciones óptimas de seguridad.
• Militarización sin rendición de cuentas
Ambos proyectos están bajo la operación o supervisión de las Fuerzas Armadas, una decisión que el gobierno federal ha defendido como garantía de eficiencia y honestidad. No obstante, este modelo ha sido cuestionado por la falta de transparencia, la opacidad en contratos y la limitada rendición de cuentas ante fallas o accidentes.
Hasta el momento, la vocería de la Presidencia de México a cargo de Claudia Sheinbaum Pardo no ha informado responsabilidades claras, ni se ha detallado si existían reportes previos sobre el estado de la vía férrea o la maquinaria involucrada en el descarrilamiento.
• Desarrollo sin seguridad es simulación
Si bien el desarrollo regional es una deuda histórica, especialistas advierten que no puede construirse sobre infraestructura insegura. Cada accidente no solo pone en riesgo vidas humanas, sino que erosiona la confianza ciudadana en proyectos financiados con recursos públicos.
El descarrilamiento del Tren Interoceánico no debe tratarse como un hecho aislado, sino como una llamada de atención para revisar a fondo los procesos de planeación, construcción, mantenimiento y operación de las obras insignia de la #4T, antes de que los costos humanos sean mayores que los beneficios prometidos.









