La Revocación de Mandato encuentra a Oaxaca en un momento social delicado y, paradójicamente, con uno de sus actores históricos más visibles en un papel secundario: la combativa Sección 22 del magisterio. Acostumbrada durante décadas a marcar la agenda política del Estado con movilizaciones, paros y discursos de confrontación, hoy su presencia frente a este ejercicio ciudadano es, cuando menos, discreta.
Durante años, la Sección 22 se ha asumido como defensora de la educación pública y de los derechos laborales del magisterio. Sin embargo, esa narrativa se ha ido desgastando. Para amplios sectores de la sociedad, la lucha sindical dejó de traducirse en mejoras palpables en la calidad educativa y pasó a asociarse con dirigencias que encontraron en el conflicto permanente una vía de beneficios personales, cuotas de poder y negociación política. La educación, irónicamente, quedó muchas veces en segundo plano.
El recuerdo del movimiento social de 2006 sigue siendo un punto de referencia obligado. Aquel levantamiento, que buscaba la caída del gobierno de Ulises Ruiz Ortiz, colocó al magisterio en el centro de una revuelta que sacudió al Estado y marcó a toda una generación. Fue un parteaguas: mostró la capacidad de organización y presión del magisterio, pero también dejó heridas profundas, polarización social, pocos beneficiados y una ciudadanía que aprendió a vivir entre bloqueos, plantones y la parálisis cotidiana.
Hoy, casi dos décadas después, el contexto es otro. Oaxaca continúa ocupando el último lugar en desarrollo a nivel nacional, con comunidades que enfrentan pobreza estructural, rezago educativo y falta de servicios básicos. En este escenario, las inconformidades del magisterio persisten, pero suelen expresarse de la misma forma de siempre: bloqueos carreteros, toma de comercios, cierre de oficinas y afectaciones directas a la ciudadanía que trabaja al día. Acciones que, lejos de sumar respaldo social, profundizan el hartazgo.
La Revocación de Mandato representa un momento crucial para la vida democrática de México. Es un mecanismo que apela a la participación ciudadana y a la evaluación del poder desde abajo. Sin embargo, el magisterio parece ausente, sin una postura clara, sin un llamado contundente a la reflexión política, como si el músculo social que alguna vez presumió hoy estuviera más enfocado en administrar inercias que en leer el momento histórico.
Del otro lado, el poder no es ajeno a esta pasividad. El aparato gubernamental opera a toda marcha para maquillar la realidad: discursos triunfalistas, cifras alegres y programas sociales que no siempre transforman de fondo la vida en las comunidades. Se construye una narrativa oficial de estabilidad y avance que contrasta con la experiencia diaria de miles de oaxaqueños.
Entre un magisterio que parece dormido o desconectado de las nuevas formas de participación social, y un gobierno que recurre a la propaganda para sostener su imagen, Oaxaca corre el riesgo de perder una oportunidad clave para replantear su rumbo. La Revocación de Mandato no debería ser solo un trámite político, sino un punto de inflexión para cuestionar liderazgos, prácticas y responsabilidades.
El reto es mayor: pasar de la protesta que castiga a la ciudadanía a una acción social que construya; del discurso histórico a la autocrítica; del maquillaje institucional a políticas reales. Oaxaca no puede seguir atrapada entre viejas luchas que ya no representan y poderes que simulan. El momento exige conciencia, no silencio.

Artículo publicado el 22 de enero en las redes sociales de Tucán.








