En el periodismo los nuevos precaristas

Miradas de reportero

Por Rogelio Hernández López

Leo y releo una reflexión en línea del colega Gerardo Albarrán de Alba sobre los escenarios laborales y la profesionalización de los periodistas y me regresa dos décadas. Su razonamiento me encamina a ubicar nuevamente aquella aspiración que algunos teníamos hace no mucho –unos 25 años–, de cuándo y cómo llegaría a México la etapa profesionalista del periodismo mexicano. Pero los datos duros más nuevos indican que en un rubro, el laboral, esta profesión parece ir hacia atrás, o sea a la precarización.

Al respecto, esos datos son terribles: la actividad del periodismo en México era, hasta noviembre de 2016, la octava con mayor desempleo entre las 62 profesiones más destacadas. Hasta entonces sólo estaban peor los diseñadores, los criminólogos, los de ciencias de la tierra y los de minería.

Otros datos son igual de horrorosos porque muestran que junto a las desocupación forzosa, el periodismo era también la octava peor pagada. Esta información se puede corroborar en el Estudio Compara Carreras de noviembre de 2016 del Instituto Mexicano de la Competitividad.

Y digo era, porque el fenómeno empeoró más este año. Empíricamente se puede agregar que en las pocas semanas de 2017 la situación en el mercado laboral se agravó para los periodistas.

Más despidos en las plantillas de varios medios industriales que así ajustan sus apuros económicos, cierres de medianos y pequeñas empresas de autoempleo, conversión acelerada de contratos de trabajo a convenios con menos ventajas laborales o con el método outsourcing, o sea por honorarios sin prestaciones.

Los dos frenos

En resumen, menos fuentes de trabajo, menos ofertas de empleo, los existentes disminuyen los montos de pago y prestaciones de ley. La caída en la inversión privada y el gasto público introduce más incertidumbre para todos y en particular a periodistas cesantes para reinsertarse dignamente en el mercado laboral y desalienta expectativas de mejoría entre los que tienen empleo pauperizado.

La categoría que mejor resume ese proceso es precarización. Los diccionarios de economía y de sociología coinciden con el de la Real Academia de la Lengua Española. Precariedad en el empleo es:”inseguro, escaso, inestable, efímero, apurado, limitado, pobre, insuficiente, frágil”.

Lo decepcionante –al menos para mi—es que al iniciar el año 2000, en el libro Sólo para Periodistas, aseguré que el periodista mexicano avanzaba mucho en su profesionalización. Para eso adopté la teoría de “la etapa profesionalista del periodismo” que había propuesto el periodista español Juan Luis Cebrian.

Entonces –más para alimentar mi utopía–, reuní datos de la academización acelerada en la formación de los nuevos periodistas, del influjo de la era internet para las nuevas herramientas electrónicas y digitales, de las tendencias a la organización gremial y profesional, y del inicio de una ola de pensamiento sobre la ética para el ejercicio, entre otras cosas.

Además conseguí referencias numéricas de la cantidad de periodistas en México, de sus ingresos promedio. Y en eso, el rezago era mayúsculo. Allí fue donde se debilitó la alegoría utópica que yo bordé en aquel año.

Ahora observó que la precarización constante de la ocupación y empleo es la contradicción principal que impide avanzar hacia esa etapa profesionalista, porque es consecuencia del valladar mayor: el improfesionalismo periodístico de la mayoría de las grandes empresas de la prensa mexicana y, por supuesto, de muchas medianas y la mayoría de las pequeñas.

El profesionalista Albarrán

El reportero, profesor y analista Gerardo Albarrán de Alba (Director de saladeprensa.org) en su ensayo más reciente enumera los principios o factores de la profesionalización de los periodistas y, reconoce que para México son causales de impedimento los poderes económico y político.

La profesionalización, como la observa Gerardo, tiene como base los siguientes principios:

“• La autonomía sobre los procesos de producción de los productos periodísticos, regidos normalmente desde las asociaciones y grupos profesionales, así como de la colegiación y, en particular, a partir de la influencia que ejercen los principales periodistas sobre el resto de sus colegas.

“• Las normas profesionales, es decir, los códigos éticos, los manuales de estilo y los valores comunes compartidos por la mayor parte de nosotros (veracidad, rigor, imparcialidad, equilibrio, honestidad, etcétera).

“• El sentido de servicio público impregnado en la razón de ser del periodismo y que reivindica las dos dimensiones anteriores, para lo cual medios y periodistas hemos creado un buen número de mecanismos de autorregulación.

“Estas dimensiones profesionalizantes –que los investigadores de sistemas mediáticos y políticos Daniel C. Hallin y Paolo Mancini identificaron hace más de una década– nos habilitan como periodistas y nos distinguen del resto de la sociedad al ejercer su derecho a la información mediante prácticas comunicacionales en internet.

“Sin embargo –acota– en muchas redacciones latinoamericanas no existe correspondencia plena, lo que demerita no sólo la calidad del producto periodístico sino su pertinencia social”.

Después de ese perfil, Gerardo Evalúa lo que cumple nuestro país:

“Al menos en el caso mexicano, la escasa sistematización deontológica se explica en parte por las condiciones históricas de sometimiento de los medios al poder político en buena parte del siglo XX, y hoy –en toda la región– a dependencias económicas que se agudizan con la crisis de modelo de negocio que pone en riesgo la sobrevivencia de la industria”.

Refiere que pesa demasiado la escasez de investigaciones del mercado laboral del periodismo mexicano. Dice: “Un fenómeno tan complejo como los escenarios laborales de los periodistas reclama mucho más que mera percepción o intuición, por más sustentadas que estén en la experiencia propia o cercana”

Tiene razón. Nos falta que se estudie más ese ángulo y se reúnan los pocos fragmentos indicativos. Pero no se ve institución, organización civil de periodistas que que se ocupen en estudiar la precarización de los periodistas y el improfesionalismo de las empresas y en analizar si estos son los mayores impedimentos para acercarnos a la etapa profesionalista del periodismo mexicano.

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